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Che: entre el enigma y la quimera

Médico, guerrillero, internacionalista de raigambres auténticas, cualquiera de los epítetos alude a la vigencia de este hombre de quijotesca historia. Hace 21 años regresó; las marchas fúnebres, himnos y disparos de salva rompieron el silencio de aquella noche del 18 de octubre de 1997, entre tinieblas replegadas al conjuro de emociones.

Tal vez el mismo mutismo que nos invadió un 8 de octubre, pero de 1967, cuando después del combate de la Quebrada del Yuro, parecía escucharse el infausto concierto, eco de las detonaciones que segaron su vida.

¿Qué mito lo ha hecho desde entonces recorrer el mundo? ¿Por qué la desaparición del hombre, y hasta sus restos, no pudieron aplacar la fuerza del símbolo?

Es que un aura proverbial trenzó su inmensa historia, desde que puso sus conocimientos de Medicina al servicio de los leprosos del Amazonas o se estremeció ante la explotación de los mineros, al pie de las milenarias montañas imperadas por los incas.

Quizás el acertijo de su leyenda se transcribe en la carta de despedida a los padres: “Muchos me dirán aventurero, y lo soy, solo que de un tipo diferente, de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades”.

Y es que ahora sigue poniendo en juego su piel y su vida todos los días, en la piel y en las vidas de quienes luchan.

Así está en los médicos de Barrio Adentro o de las pampas vallegrandinas su mensaje latente, como en cada injusticia.

En cualquier parte del mundo se ve su rostro, en aquellos pueblos sojuzgados, se ha levantado en Palestina, resistido en Irak, peleado en el Líbano y hoy empuja hacia el socialismo en Venezuela, está al lado del inmortal Fidel, en la conciencia y el sentimiento de cada luchador antiimperialista que se echa a andar.

Su modo distinto de ser osado estuvo entre los enigmas que sostuvieron a los cinco cubanos secuestrados en el Norte brutal, esos que sin tacha y sin miedo arriesgaron todo por su pueblo.

Subyace en la quimérica esperanza de los oprimidos, en los muchos guerrilleros nacidos de su muerte y resurrección, llegada según profetizó, como latido de esperanzas.

Cada octubre reemerge, no fue en vano el sacrificio final que terminó su destino, pues germina su ejemplo, como el hombre que todos nos encontraremos alguna vez, aquel que a los 39 años cayó en La Higuera y figura entre los inmortales como el Che.

 

Por: Dagmara Barbieri López.

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