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Guáimaro: Cuba, la historia, raíz, resolución y desafío

Más grande es el país que reverencia la historia en la práctica constante de su soberanía.

Cuando lleva de brújula y bandera el pasado glorioso en que aprendió lecciones, y reconoce en él la forja del carácter, y encuentra en sus anales la base fundacional de los principios morales, de una ética de nación, del dar todo por sí mismo y darlo igual a quien precisa su brazo y compañía; es un país mayor porque siente y actúa con entrañas de humanidad.

No sirve mucho a los pueblos la historia que se enclaustra en urnas de cristal, la engastada en un altar de oro, prohibida al tacto, al juzgar de sus héroes, al recontarla y redescubrirla porque es objeto sagrado para venerar y ya.

La historia buena es la útil, la que se reproduce en actitudes, la que se vuelve ejemplar, la que flamea el espíritu del combate por lo justo, ayer en la manigua con machete, hoy al trabajo incesante con el fusil a la espalda.

Eso es este 10 de abril, una fecha bordada en la memoria de la Isla con hilos de resolución y desafío.

Guáimaro entonces fue Cuba en plenitud de ley. Ahora es Cuba quien rememora al Guáimaro firmante de aquella Constitución mambisa, alzada en armas, jurídica revelación al mundo de que el joven empeño de la guerra aspiraba a una sociedad de orden e institución, tal cual independiente y soberana.

La mayor del Caribe insular proclama hoy su nueva Carta Magna. En el lenguaje de los pueblos dignos que defienden a muerte el patrimonio intocable de su total voluntad, que no admiten mediaciones ni dictados, y que solo legitiman la consulta cuando se hace “bajo el techo de la propia casa”, sin miramientos ni condiciones foráneas, proclamar significa hacer valer todo cuanto se propuso, perfeccionó y aprobó en el seno exclusivo de la nación.

Constitución cubana realizada por cubanos, tal cual Guáimaro. Ciento cincuenta años atrás, el desafío quebró las pautas de una corona instalada al otro lado del mar.

Ciento cincuenta abriles después, ahora, también 10, el reto es perfeccionar las pautas nuestras, las únicas, y como árbol afincarnos, con las raíces profundas de una economía robusta, el crecimiento social, la dignidad nacional y el cultivo de la virtud, a esta tierra inexpugnable de plena libertad.

 

Tomado del periódico Granma.

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