Efemérides

Fueron días construidos con cera. Las magulladuras en los pies y el alma explotarían en cualquier segundo. Era hora. Y entonces había unas montañas gigantes arrojando valientes sobre el llano. Los dictadores colgaban murales de sangre sobre los escritorios y guardaban, como amuleto, dientes arrancados de bocas que nunca delataron. Las rúbricas estrangularon los miedos, pero la misma voz se repetía entre las balas, entre aquellas botas ausentes, dentro de los estómagos vacíos, en los quebrantos, y terminaron haciendo trenzas con las barbas de los héroes.     
Bajó de la Sierra el estruendo que limpió las manchas del sol. El cielo trituró la máscara de polvo que le bloqueaba las entrañas. El blanco y negro desapareció de las pupilas, y el iris empezó, por vez primera, a percibir en colores los uniformes devorados por el apetito del plomo. Se escucharon sonrisas. Las bocas ya no recordaban, pero en lontananza hubo sonrisas; sí, las hubo. La marea de pueblo dibujó la silueta del caimán sobre el lomo de la Isla. Estaban en las calles. Ya no era necesario esconderse para gritar ¡viva Cuba libre!, y los petardos devinieron fuegos artificiales que derrumbaron hasta las estrellas.       
Habían transcurrido cinco años, cinco meses y cinco días desde el asalto al Moncada, y el sueño libertario era ya una realidad. Palpable, cierta, visible. Huyó el tirano. Despavorido. Se esfumó entre la cobardía y el espanto. Déspota gobernante, marioneta cruel, que no aprendió, siquiera, a pensar. Y luego están todos esos nombres sagrados, a los cuales será, por siempre, muy difícil honrar o agradecer.
Está Céspedes, padre fiel, entregando hijos. Maceo en bronce, Calixto con una bala en la frente, Gómez, Bartolomé, Banderas y Martí, y después Juan Gualberto, Sanguily, y Villena, Guiteras, Menéndez, Santamaría, Mella, Echeverría, Chibás, Frank País, Varona; y Camilo y el Che, Celia, Vilma, Almeida, Raúl, Redondo, Fidel... ¡tantos!, que son minúsculas estas líneas e insuficiente toda la tinta.   
La vida cambió en los minutos que separaron a 1958 del ’59; a un 31 de diciembre de aquel primero de enero. Quedaron sepultados los años de exterminio, y las esperanzas poblaron, otra vez, de verde los campos. La estrella solitaria ondeó libre sobre el asta del Morro y escupió dignidad sobre las franjas de la bandera con quien la obligaron a compartir jurisdicción a inicios del siglo XX. La luz fue, poco a poco, retirando las bombas del frente de las casas, y enterrando las heridas pagadas por cada heredero desde 1492. Hubo paz. Calma. Libertad.
El triunfo revolucionario, para los cubanos, significó la luz boreal mudándose a sus ventanas, simbolizó una eternidad sin humillación, y con la posibilidad de llevar a la derecha del pecho la medalla, en rojo, de la independencia.
Y en los ojos de muchos, como en los de Marta García, desfilan aún las imágenes de aquel despertar:
 “Yo estaba divorciada y vivía sola con mis ocho hijos. Para mantenerlos trabajaba donde pudiera, pero ganaba muy poco. En ese entonces vivía en Lajas y tenía que atravesar casi todo el pueblo para limpiar una casa. Había que hacer de todo, y al mes solo me pagaban ocho pesos, y porque la dueña me conocía”.
Rememorar los dolores de una época no es petición que pueda cumplirse sin que aparezcan nudos en la voz; por eso Marta pronunciaba las palabras con los pies firmes sobre el suelo, y de a poquito. “Por suerte todo cambió,- sonríe- comencé a trabajar con el nuevo gobierno, mi hijos pudieron estudiar y la vida se me fue aliviando.
“Aquello fue tremendo. Todo el mundo salió para la calle, estábamos locos de alegría, contentos; y con muchas esperanzas de que las cosas cambiarían, que mejorarían. Yo había dado a luz hacía pocos días, pero cuando escuché la noticia del triunfo también corrí junto al pueblo para celebrarlo”.  

Marta llevó una vida de alegrías. Quizás fue un poco espinoso superar los males del pasado, pero tampoco hubo de hacer muchos esfuerzos. La Revolución cubana- pugnada Revolución- tomó los sueños de cada cubano y los hizo realidad; y construyó obeliscos, grandes pilastras que sobrevivirán, en la luz, a pesar de los tiempos.

Solo llevaban una mochila. Dentro: unos cuantos lápices, libretas a rayas y un farol. No había espacio para más. No era necesario espacio para nada más. Bastaban solo esos tres implementos para repartir vocales y números. Y entonces un ejército de jóvenes- casi niños- inundó los campos de la Isla, llegando hasta el último recoveco, sin importar el frío, o el sol, si había montañas, valles o llanuras; allá partieron, decididos, con pasos firmes; cual Atlas, para cargar sobre sus hombros el cumplimiento de la Campaña de Alfabetización en Cuba.
Apenas transcurría el segundo año de la Revolución, pero la tarea de poner fin a las tinieblas en la educación no podía dilatarse. El líder, Fidel Castro, lo había sentenciado meses antes “...tenemos que establecernos una meta: liquidar el analfabetismo en nuestro país”. Dos mil 868 era una cifra demasiado elevada de iletrados a lo largo del territorio nacional, y a erradicar los lastres dejados por décadas de sumisión, se dirigió la nueva obra.      
El 1ero de enero de 1961 se inició oficialmente la campaña alfabetizadora. Días más tarde, durante la graduación del segundo contingente de maestros voluntarios que partirían a educar al pueblo, Fidel informa del asesinato de Conrado Benítez (cuyo nombre enarbolaría las iniciales brigadas). El aire se apretó en el recinto, todos sabían que el peligro iba a seguirles los pasos, pero nadie se detuvo o claudicó, todo lo contrario. “(...) Ese maestro es el mártir cuya sangre servirá para que nosotros nos propongamos, doblemente, ganar la batalla que hemos emprendido contra el analfabetismo...” (Fidel Castro).
En medio de la estratagema de lápices y borrones, aparecieron los ataques norteamericanos. Y vino Girón como otra abrumadora victoria cubana. Dos meses después, el 18 de junio, se graduaron los primeros alfabetizados: 3 mil 500 de la capital. Nunca se detuvo la ofensiva.
Ahora restaban apenas cuatro meses para que finalizara el año ’61 y con él, el deber de cumplir la campaña. Para ello se precisaban nuevas fuerzas. Las Brigadas Obreras Patria o Muerte, respondieron al llamado. Con esta movilización “le damos ya a la Campaña el aporte final que necesita” expresó Fidel.
Entonces un terror disfrazado de noche se apoderó de los escenarios de enseñanza. Unos bandidos se dispersaron entre las rocas e intentaron impedir el curso pacífico de los sucesos. Delfín San Cedré, Manuel Ascunse y Pedro Lantigua, fueron ejemplos de cuan viles podían ser estos contrarrevolucionarios. Pero su muerte solo sembró más energía, más combatividad, más emprendimiento.
La antigua provincia de La Habana fue la primera en convertirse en territorio libre de analfabetismo, el 7 de diciembre de 1961. El 20 del propio mes, se declara oficialmente terminada la campaña, ¡la gran campaña! Dos días después Cuba se proclama Territorio Libre de Analfabetismo. El índice de iletrados en la Isla se redujo a un 3.9 por ciento, y fueron alfabetizados 707 000 cubanos por más de 300 000 brigadistas.
En aquel 22 de diciembre, Fidel enunció:
“Ningún momento más solemne y emocionante, ningún instante de legítimo orgullo y de gloria, como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido derrumbados. Hemos ganado una gran batalla, y hay que llamarlo así -batalla-, porque la victoria contra el analfabetismo en nuestro país se ha logrado mediante una gran batalla, con todas las reglas de una gran batalla”.
Y así fue. Una tarea de gigantes. De quienes no le temieron ni al miedo, ni a la oscuridad de la noche o del día. De quienes siempre avanzaron y fueron regalando letras a otros quienes que no sabían escribir o leer su propio nombre. Sí, así fue.
En la primera carta enviada a Fidel por los alfabetizados, se leía:
“Ya nunca tendré que firmar con los dedos ahora siempre firmaré así: María Cruz”.

La furia se desata desde los aires más templados y después cae sobre esta tierra haciendo estallar amaneceres. Se desdibujan todas las sonrisas. Se laceran todos los cuerpos. Y se muere, para por fin, poder vivir en paz. Pero los recuerdos siguen poblando de amarguras a las gentes. ¡Hasta en los libros! Y uno no quiere acordarse del sabor de los lamentos y uno trata de olvidar, aunque no se pueda. Uno trata de olvidarse de días como el 17 de noviembre de 1939. Pero ya lo he dicho, no siempre se puede.  
Corrían años apocalípticos. Desde 1939 y hasta 1945, el mundo sufriría uno de sus desangres más feroces. La Segunda Guerra Mundial llegaba sólo para implantar dolores en las almas, almas inocentes; por el simple y necio capricho de unos cuantos. El 28 de octubre del año en que comenzó el conflicto, la República Checoslovaca haría sentir, en cada rincón de su geografía, la desaprobación con los nuevos acontecimientos. Miles de estudiantes (en conmemoración a la independencia Checa alcanzada en 1918) salen a las calles, en Praga, para reprochar la presencia nazi en su territorio. La manifestación fue reprimida sanguinariamente.
Uno de los líderes estudiantiles Jan Opletal, fue herido durante el enfrentamiento, y murió poco después. Su entierro devino otro enfrentamiento con las tropas ocupantes. Pero la reacción de los inquilinos fue, esta vez, mucho peor. El 17 de noviembre cerraron las escuelas superiores checas. En los días siguientes le quitaron la vida a nueve dirigentes escolares, mientras que 1200 estudiantes fueron deportados al campo de concentración de Sachsenhausen.
El entonces Consejo Estudiantil Internacional (convertido luego en la Unión Internacional de Estudiantes, UIE) declaró esa fecha como el Día Internacional del Estudiante para rendirle tributo a las decenas de personas que fueron víctimas durante los sucesos. La efeméride se celebra en más de 114 naciones, incluyendo a Cuba.

PRIMER ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL LÍDER HISTÓRICO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA FIDEL CASTRO RUZ

El próximo 25 de noviembre de 2017, se conmemora el Primer Aniversario del fallecimiento del líder histórico de la Revolución Cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, consagrado por más de 70 años a la consolidación del proceso revolucionario, su avance hacia el Socialismo, la unidad de las fuerzas revolucionarias y de todo el pueblo, así como el enfrentamiento de las agresiones externas y la conducción de una activa política exterior de principios, denunciando injusticias, creando conciencia, por un mundo mejor y un ser humano superior.

Es la oportunidad de rendir homenaje a una vida dedicada por completo a la causa de los pobres, de los humildes, a la causa de la defensa de la independencia y soberanía de Cuba y de los pueblos de América Latina, África y del mundo.

Por la trascendencia del pensamiento de Fidel Castro, se propone la realización de un conjunto de actividades que tendrán como escenario nuestra universidad y la comunidad cienfueguera. Están encaminadas a situar el debate en los principales espacios, fortalecer la proyección social de los universitarios y continuar el vínculo con la historia patria.

“(…) ¿Y qué juventud queremos? ¿Queremos, acaso, una juventud que simplemente se concrete a oír y a repetir? ¡No! Queremos una juventud que piense. ¿Una juventud, acaso, que sea revolucionaria por imitarnos a nosotros? ¡No!, sino una juventud que aprenda por sí misma a ser revolucionaria, una juventud que se convenza a sí misma, una juventud que desarrolle plenamente su pensamiento (…)”


Fidel, para los estudiantes cubanos, simboliza fuerza, energía, fe en la Revolución y compromiso con la Patria. La necesidad de sentir el palpitar de su palabra, de sus ideas, su mirada profunda, la gestualidad de sus manos y la firmeza de sus pasos se ha acrecentado durante estos días; Fidel dejó en nosotros el aliento para seguir existiendo, para seguir batallando.


“… Creemos en los jóvenes, creemos en los jóvenes, creemos en los jóvenes, —y lo repito— porque creer en los jóvenes significa una actitud, creer en los jóvenes significa un pensamiento (…) Creer en la juventud es (…) mirar todo lo que nuestra juventud puede hacer; es ver en esa juventud los dignos continuadores de la obra revolucionaria; es ver en la juventud a los mejores continuadores o constructores de la obra revolucionaria (…)”

 

En la universidad se formó como revolucionario, en la misma universidad multiplicada donde generaciones de jóvenes universitarios encuentran hoy un sentido de la vida que se traduce en espíritu rebelde, en ideas profundas de justicia y dignidad humana, en permanente compromiso social.
Sus sabias palabras y reflexiones de cómo comprender los cambios del mundo contemporáneo, marcaron un antes y un después en cada encuentro con los universitarios cubanos.


“… Si los jóvenes fallan, todo fallará. Pero, es mi más profunda convicción que la juventud cubana luchará por impedirlo. Creo en ustedes…”

La composición estrenada un día como hoy en 1868 simbolizaba el espíritu de rebeldía de un pueblo. En homenaje al debut del himno nacional se celebra desde 1980 el Día de  la Cultura Cubana en esta efeméride.
Las simientes de nuestra identidad sembraron una cultura e historia propias, que más allá de lo étnico y lo regional aluden a antecedentes y consolidan el concepto expuesto en el siglo XIX,  por el prócer independentista cubano José Martí de que "la patria es la humanidad toda".
En la noche del 20 de octubre de 1868, cuando en la ciudad de Bayamo se cantó por primera vez el Himno Nacional, escrito por el músico y poeta Pedro Figueredo se produjo un hecho de política cultural porque se unieron música, poesía y población en un llamado al combate por la independencia.
Aquellos acordes, parecidos a los de La Marsellesa, simbolizaban el espíritu de rebeldía de un pueblo en busca de su independencia a fuerza de pluma y machete. La relevancia que alcanzó aquel suceso cruzó el devenir histórico para desembocar en la celebración del Día de la Cultura Cubana, establecido oficialmente en 1980, por decreto del gobierno revolucionario.
El acontecimiento enaltece más de una centuria de pensamiento en que se fue gestando la nación cubana, cuyo  origen se remonta a finales del siglo XVIII, cuando comienzan a aparecer figuras que expresaran en su obra la preocupación por la patria cubana y definen una nueva nacionalidad.
Podemos citar que en esa época Félix María de Arrate,  autor de “Historia de La Habana”, pide al rey español Carlos III, la constitución de una “Sociedad de Amigos del País” para fomentar la instrucción.
Félix Varela, uno de los primeros pensadores, considerado nuestro primer filósofo difundió con fuerza a través la política las ideas de la Ilustración en Cuba. A Varela le seguirían José Antonio Saco, de hondo patriotismo, ese que caló luego en la obra de los poetas José María Heredia y Gertrudis Gómez de Avellaneda.
Si fuéramos a definir nuestra cultura pudiéramos decir que ha tenido históricamente un gran desarrollo en lo literario, descollando la poesía, además  en el mundo hoy Cuba suele ser conocida más por su música, pero  aquí no se ha cerrado  ninguna de las manifestaciones de la cultura universal.
La vibración de la marcha patriótica, de la autoría de Pedro Figueredo, impregnada del ardor independentista de aquellas horas heroicas simboliza la defensa de lo auténtico en todas las expresiones de la vida nacional.
Por eso el décimo mes del año es una fiesta de la identidad cubana, esa que no se limita a lo artístico, es una conmemoración alusiva al inicio de nuestras gestas de liberación, a la conformación de ese ajiaco de tradiciones e ideologías que hicieron de la cubanía un emblema de orgullo y dirige los valores del espíritu hacia el amor por lo autóctono con su herencia universal.
Como  reafirmara la profecía del Héroe Nacional José Martí.:
"No hay pueblo rico ni seguro,  sin raíces en el corazón".

 

Escrito por Adriana Peña Barbieri

Carlos Rafael Rodríguez fue un gran orador de voz grave, y era un difícil contrario en una discusión o en un debate. Poseía una cultura universal y era capaz de analizar profundamente un tema donde exponía sus criterios con juicios convincentes.

Fue un hombre elegante en el vestir, delicado en sus gestos y modales, le molestaba lo grosero y lo chabacano. Como buen cubano, tenía un gran sentido del humor y una envidiable agilidad mental.

Amante de la lectura, la música y le gustaban los deportes como la pelota, la natación y la pesca; pero sobre todo disfrutaba de buen juego de dominó.

Nació en Cienfuegos hace, el día 23 de mayo del año 1913; a la edad de 18 años comenzó a hacer suyas las ideas comunistas, leyendo a Lenin y a otros clásicos marxistas.

Pasó sus años de estudios primarios en su ciudad natal, en el colegio Montserrat perteneciente a la orden de los Jesuitas y sus estudios secundarios en una escuela perteneciente a los Hermanos Maristas.

Al ingresar en la Universidad de La Habana terminó en cuatro años los estudios de Derecho y de Ciencias Políticas, Sociales y Económicas, siendo el primer expediente de su curso con calificaciones de sobresaliente en todas las asignaturas, por lo que recibió el Premio González Lanusa in Memórian, al mejor estudiante de Derecho.

En 1931, integrando el Directorio Estudiantil en Cienfuegos, sufrió su primera prisión durante la lucha contra Gerardo Machado. Formó parte del triunvirato que ocupó la alcaldía de Cienfuegos al ser depuesto como Presidente de la República Carlos Manuel de Céspedes, tras los hechos del 4 de septiembre de 1933.

En 1935 ingresó formalmente en el Partido Comunista, del cual llegó a convertirse en uno de sus dirigentes más connotados.

En 1956, desde la más profunda clandestinidad y a través de la también clandestina revista Mensajes, Carlos Rafael Rodríguez, dando muestras de una intuición política denunciaba el objetivo norteamericano para la Cuba de aquellos momentos de, conjuntamente con el despojo a las riquezas nacionales, destruir la cultura nacional. En ese artículo proponía las vías a través de las cuales se podía frustrar la pretensión del Norte y llegar a lo universal sin perder el carácter propio.

Su accionar después del triunfo de la Revolución fue diverso y fecundo. En 1959 fue nombrado director del Periódico Hoy. En 1961 es fundador y primer director de la Escuela de Economía de la Universidad de La Habana, que le otorgó en 1983 el título de Doctor Honoris Causa.

En 1962 fue designado Presidente del Instituto Nacional de Reforma Agraria. Miembro de la Dirección Nacional del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) en 1965.

En el Primer Congreso del Partido en diciembre de 1975 fue elegido miembro del Comité Central e integró su Buró Político.

Miembro de la Asamblea Nacional del Poder Popular electo por Cienfuegos desde su creación en 1976.

En 1967 fue nombrado Presidente de la Comisión Nacional de Colaboración Económica y Científico-técnica asumiendo conjuntamente esta actividad con la de Representante de Cuba ante el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), a partir de su ingreso en 1972.

Debido a su experiencia y capacidad en 1976 fue designado Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros atendiendo el Sector Exterior conformado por los Ministerios de Relaciones Exteriores, el Comité Estatal de Colaboración Económica, el Banco Nacional de Cuba y la Secretaría para Asuntos del CAME.

El trabajo de Carlos Rafael estuvo enfilado hacia las polémicas surgidas en las diferentes ramas de la económica, la política y la filosofía en el proceso revolucionario cubano, en otras palabras, preparaba a cada trabajador con argumentos necesarios para defender la obra de la revolución.

Carlos Rafael no fue solo un estudioso y divulgador de la obra de los clásicos del marxismo, fue un constante previsor de los peligros que provienen del norte revuelto y brutal.

Fue Carlos Rafael Rodríguez el pionero de nuestros economistas en plantear el desarrollo como un proceso tendente a incrementar el bienestar de la comunidad, mediante el establecimiento de actividades económicas y socioculturales utilizando de forma racional y sostenible los propios recursos humanos y materiales.

Al referirse a la integralidad de Carlos Rafael como pensador Salvador Bueno escribió: … en las diferentes formas que manifestó su talento no utilizaba ambigüedades. En ese empeño aprendió la eficacia del adjetivo imprescindible, de la frase que no diera pie a equívocos poco recomendables. Armado eso sí, de una cultura que hoy nos pide que alcancemos, aprendió muy pronto que debía disponer de todo un mosaico de posibilidades expresivas y un atesorado conocimiento de diversas disciplinas.

En mayo de 1997 recibió, impuesta por Fidel, la Orden Nacional José Martí que otorga el Consejo de Estado y de Ministro, ese mismo año, el 8 de diciembre falleció aquel hombre ejemplar, al que Armando Hart calificó como: UNO DE LOS GRANDES HUMANISTAS CUBANOS DEL SIGLO XX.


Tomado de CubaDebate.

Llega Mayo, con él las lluvias, las flores y, por supuesto, el Día de las Madres, un momento no solo para correr tras los regalitos y las postales, sino también sostener una mano, decir “te quiero”, “eres única”, “siempre seré tu hijo”; el espacio ideal para reconocer a aquella con la que, durante un tiempo, formamos un solo ser.

La celebración del Día de las Madres o Día de la Madre, como se le conoce en muchos países, tiene un origen diverso. Se plantea que en la antigua Grecia, hacia el 250 a.n.e., se dedicaban festivales a la diosa Rhea, madre de las deidades Júpiter, Neptuno y Plutón.

Viajando en el tiempo descubrimos que durante el siglo XVII, en Inglaterra se estableció el Mothering Day, el cuarto domingo luego de Pascua (diciembre). En esta fecha los sirvientes de los grandes castillos tenían el día libre y pagado, y eran alentados a que volvieran a sus pueblos natales, para visitar a sus madres y compartir una jornada de festividades y agradecimientos en la iglesia local, tradición que fue asimilada medianamente por los estadounidenses del siglo XIX.

El origen de esta fecha, tal y como hoy la conocemos, se remonta a 1905 cuando la maestra de Filadelfia, Anna Jarvis, a raíz de la pérdida de su propia progenitora, comprendió cuán importante es demostrar el afecto a las madres mientras la tenemos con nosotros.

Anna, junto a un grupo de amigos, comenzó una campaña por correo para tener el apoyo de ministros influyentes, hombres de negocios y congresistas y poder declarar oficialmente una fecha festiva para ellas.

Como resultado de sus esfuerzos el primer Día de las Madres fue reconocido en una ceremonia religiosa el 10 de mayo de 1908. Los claveles, flores favoritas de las Jarvis, se utilizaron como adorno. Desde entonces, el rojo simboliza a las madres con vida, y el blanco representa a aquellas que ya no nos acompañan.

La práctica se hizo ley cuando en 1914, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la fecha como el Día de las Madres y se declaró fiesta nacional.

Hacia 1911 este día especial se celebraba en lugares como Canadá, China, Japón, Sudamérica y África y actualmente decenas de países dedican el segundo domingo de mayo para honrar a aquellas que nos dieron la vida.

En nuestro país se ha considerado a Santiago de las Vegas el lugar donde de manera masiva iniciaron los festejos. Sin embargo, recientes revelaciones muestran que el mérito corresponde a la localidad tunera de Puerto Padre, promovido por el doctor Eduardo Queral Mayo.

Sucedió el 6 de abril de 1920, un mes antes de que Francisco Montoto las homenajeara en el Centro de Instrucción y Recreo de la localidad habanera, donde también se efectuó en fecha temprana. Un año después se celebró en La Habana.

El 10 de mayo de 1919, Queral se inició en la logia Los Perseverantes, de Puerto Padre, donde a principios de 1920 presentó una moción para declarar el segundo domingo de mayo como el Día de las Madres.

Según reporta la prensa de la época, el 22 de abril de 1921, a propuesta del periodista Víctor Muñoz se le dio carácter oficial, al ser aprobada por el ayuntamiento de La Habana, la celebración de esta fecha y en 1928 se extendió a todo el país.

Ya son más de ocho las décadas que nos separan de la primera ceremonia, e incontables resultan los homenajes. No hay día específico para retribuir el amor y el cariño con que nos cuidan y protegen.

Nuestras madres son, además, ejemplo de sacrificio y consagración. Con satisfacción las vemos desenvolverse en disímiles tareas. Orgullosos nos sentimos cuando procedemos de una obrera destacada, una maestra, doctora u oficial de las Fuerzas Armadas. Más aún cuando es capaz de dignificar el espíritu familiar ayudando a quienes lo necesiten en cualquier lugar del mundo.

A todas ellas, por haber dado a luz nuestros mejores sueños, ¡FELICIDADES!