El farol y las letras: a 56 años del milagro

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Solo llevaban una mochila. Dentro: unos cuantos lápices, libretas a rayas y un farol. No había espacio para más. No era necesario espacio para nada más. Bastaban solo esos tres implementos para repartir vocales y números. Y entonces un ejército de jóvenes- casi niños- inundó los campos de la Isla, llegando hasta el último recoveco, sin importar el frío, o el sol, si había montañas, valles o llanuras; allá partieron, decididos, con pasos firmes; cual Atlas, para cargar sobre sus hombros el cumplimiento de la Campaña de Alfabetización en Cuba.
Apenas transcurría el segundo año de la Revolución, pero la tarea de poner fin a las tinieblas en la educación no podía dilatarse. El líder, Fidel Castro, lo había sentenciado meses antes “...tenemos que establecernos una meta: liquidar el analfabetismo en nuestro país”. Dos mil 868 era una cifra demasiado elevada de iletrados a lo largo del territorio nacional, y a erradicar los lastres dejados por décadas de sumisión, se dirigió la nueva obra.      
El 1ero de enero de 1961 se inició oficialmente la campaña alfabetizadora. Días más tarde, durante la graduación del segundo contingente de maestros voluntarios que partirían a educar al pueblo, Fidel informa del asesinato de Conrado Benítez (cuyo nombre enarbolaría las iniciales brigadas). El aire se apretó en el recinto, todos sabían que el peligro iba a seguirles los pasos, pero nadie se detuvo o claudicó, todo lo contrario. “(...) Ese maestro es el mártir cuya sangre servirá para que nosotros nos propongamos, doblemente, ganar la batalla que hemos emprendido contra el analfabetismo...” (Fidel Castro).
En medio de la estratagema de lápices y borrones, aparecieron los ataques norteamericanos. Y vino Girón como otra abrumadora victoria cubana. Dos meses después, el 18 de junio, se graduaron los primeros alfabetizados: 3 mil 500 de la capital. Nunca se detuvo la ofensiva.
Ahora restaban apenas cuatro meses para que finalizara el año ’61 y con él, el deber de cumplir la campaña. Para ello se precisaban nuevas fuerzas. Las Brigadas Obreras Patria o Muerte, respondieron al llamado. Con esta movilización “le damos ya a la Campaña el aporte final que necesita” expresó Fidel.
Entonces un terror disfrazado de noche se apoderó de los escenarios de enseñanza. Unos bandidos se dispersaron entre las rocas e intentaron impedir el curso pacífico de los sucesos. Delfín San Cedré, Manuel Ascunse y Pedro Lantigua, fueron ejemplos de cuan viles podían ser estos contrarrevolucionarios. Pero su muerte solo sembró más energía, más combatividad, más emprendimiento.
La antigua provincia de La Habana fue la primera en convertirse en territorio libre de analfabetismo, el 7 de diciembre de 1961. El 20 del propio mes, se declara oficialmente terminada la campaña, ¡la gran campaña! Dos días después Cuba se proclama Territorio Libre de Analfabetismo. El índice de iletrados en la Isla se redujo a un 3.9 por ciento, y fueron alfabetizados 707 000 cubanos por más de 300 000 brigadistas.
En aquel 22 de diciembre, Fidel enunció:
“Ningún momento más solemne y emocionante, ningún instante de legítimo orgullo y de gloria, como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido derrumbados. Hemos ganado una gran batalla, y hay que llamarlo así -batalla-, porque la victoria contra el analfabetismo en nuestro país se ha logrado mediante una gran batalla, con todas las reglas de una gran batalla”.
Y así fue. Una tarea de gigantes. De quienes no le temieron ni al miedo, ni a la oscuridad de la noche o del día. De quienes siempre avanzaron y fueron regalando letras a otros quienes que no sabían escribir o leer su propio nombre. Sí, así fue.
En la primera carta enviada a Fidel por los alfabetizados, se leía:
“Ya nunca tendré que firmar con los dedos ahora siempre firmaré así: María Cruz”.

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