La ciudad de Cienfuegos era un torrente de pueblo festejando la victoria, aquel enero luminoso de 1959. Durante los primeros días de la victoria, los sucesos se entrelazaban para consolidar la liberación.

Desde el 24 de diciembre anterior el Movimiento 26 de julio sureño y fuerzas del Segundo Frente Escambray habían redimido poblados adyacentes. Para escamotear el triunfo definitivo el imperialismo hacía argucias en la capital, pero el llamado a la huelga general convocada por Fidel encontró respaldo decisivo.

La noche seis de aquel refulgente enero, cuando los cienfuegueros se disponían a dormir, la representación más genuina de la Caravana de la Libertad hacía su único desvío para visitarnos.

A las diez de la noche llegó Fidel con sus hombres al Parque Martí, donde conversó sobre su detención aquí en 1950. Al conocer de las discrepancias sobrevenidas entre dirigentes del grupo de William Morgan y los revolucionarios sureños decidió visitar Cayo Loco.

Tras resolver la querella e impedir la salida del traidor regresó a la una de la madrugada al parque, donde se produjo el primer discurso del Comandante en Jefe a la “Perla del Sur”. Allí proclamó el plan de la revolución triunfante y dialogó con dirigentes locales.

Entrada la madrugada del día siete y engrandecida por el júbilo del pueblo, la caravana siguió su rumbo hacia el futuro. Cienfuegos rememorará este viernes, la llegada de aquel rey especial.

Tomado de «5 de Septiembre»

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