una mirada azul velando rosas, / un pie para morir, y muchas cosas / ( ) Y con esa piedad casi de nube / por todo lo pequeño que no sube, / deteniendo la luz frente a su nombre”.
Carilda Oliver Labra
No es tarea fácil despojarse de sí misma. Y Melba lo hizo, sin mesuras, sin preguntas, y a puros golpes de metal blandido bajo el fuego. Melba alimentó sus amaneceres de clandestinidad, y vivió para ser otra arma, sin balas gastadas y de pólvora eterna. Melba estuvo para asestar golpes en los pómulos del gobierno, y en la conciencia de Batista; estuvo en aquellos pasos con sabor a centenario, que encendieron la luz inextinguible de la Revolución cubana.
El 28 de julio de 1921 nació una heroína del Moncada, aunque nadie lo supuso en ese entonces. Nació en Cruces, de apellidos: Hernández Rodríguez del Rey, y de nombre: Melba. Cienfuegos guarda con celo los primeros gritos, los primeros sentimientos por una patria que no era suya, sino de tiranos con máscaras de hierro. Sí, los retiene, aquí palpitan, lo harán a pesar de las tormentas.
Los primeros pasos de Melba se esculpieron gracias a Corina, su maestra. ¡Ella le enseñó tantas cosas!, sobre todos esos días donde impartía clases con un brazalete negro en el brazo. Corina la educó en el amor por la isla, y sembró semillas muy fértiles que hubieron de germinar para ser eternas. Si no hubiese sido por aquella maestra yo no hubiese sido la patriota que soy, aseguró Melba en una ocasión.
Se fue ciñendo en el seno de una generación de luz. Militó en el partido ortodoxo, y también lanzó su vergüenza contra el dinero de cada gobernante que exprimió a la Isla. En la década del 50 se integró al movimiento revolucionario dirigido por Fidel; tomando parte activa de las acciones que se desarrollarían el 26 de julio de 1953. Melba participó en el grupo que tomó el hospital provincial Saturnino Lora. Al término de los sucesos, fue detenida y sancionada a seis años de prisión en la cárcel de Guanajay.
Al ser puesta en libertad, la ya heroína del Moncada, se reincorporó a las labores conspirativas. Sus manos ayudaron a distribuir, hasta todos los ojos posibles, el alegato “La historia de absolverá”; y tiempo más tarde, desde México, a los preparativos de la expedición del yate Granma. Y como viento indetenible con sabor de pura mujer cubana, subió Melba a la Sierra, con el Ejército Rebelde, y desde allí ayudó a noquear las caras de los tiranos.
Desde del 1ero de enero de 1959, Melba ha palpitado en el mismo centro de la Revolución: fundadora del Partido Comunista de Cuba, y Heroína de la República. Pero con una modestia absoluta que no es pago por todo lo que ha hecho, una modestia que sobrevivirá a todos los tiempos. Melba es, en sus propias palabras: () revolucionaria. Y lo voy a ser toda la vida, porque es la mejor profesión del mundo.
Elaborado por la Dirección de Comunicación Institucional. UCf.

