Hace tan sólo unos días se cumplió el primer año del fallecimiento del eminente intelectual Eduardo Torres-Cuevas. La vigencia, acercamiento y entendimiento de su obra, es de los elementos cruciales para pensar mejor nuestra cubanidad. Para ello, se proponen períodos históricos, los cuales fueron determinados por elementos que justifican los años de apertura y cierre de los mismos.
Primer período. Descubriendo la pasión de un oficio (1956-1974)
La familia y la escuela fueron factores claves en la determinación de Eduardo Torres-Cuevas para estudiar la carrera de Historia. La Revolución Cubana, por su parte, conllevó a que viviera una de las experiencias más ricas. Su incorporación a la Campaña de Alfabetización en la Sierra Maestra en 1961 le valió para entrar en contacto con la realidad y con sus problemas. Es cuando profundiza en la Cuba diversa, de rasgos autóctonos, pero de una contradicción tremenda.
Inició sus estudios de primera enseñanza en la escuela Hermanos Maristas en Cienfuegos. Cuando comienza el tercer grado combina los estudios entre la Academia Militar del Caribe y el Instituto de La Víbora de La Habana, donde se graduó como Bachiller en Ciencias y Letras, en 1962. Torres-Cuevas le atribuye a este instituto un valor especial, por ser el lugar donde realizó sus primeros trabajos.
En este primer período, Torres-Cuevas muestra sus principales virtudes que hacen que se encamine hacia el quehacer historiográfico, materializado años más tarde en su extensa y exquisita producción científica.
Segundo Período. Soñando a Cuba desde el pensamiento de un historiador (1975-1999)
Al graduarse Eduardo de las carreras de Historia y Filosofía, inicia sus investigaciones partiendo del siglo XIX, como siglo fundador del pensamiento moderno y que introduce la racionalidad en el conocer lo propio. Es el siglo creador de la idea cubana, y en consecuencia, de la cultura cubana, de sus perfiles, contenidos y dinámica propia en perenne evolución, nada estática ni dogmática. Su primera obra Antología del pensamiento medieval, publicada en 1975 constituye el punto de partida como historiador de las ideas o del pensamiento.
La profundidad en sus análisis le ha permitido el abordaje de los más variados temas, con las que va descubriendo la nacionalidad desde lo cubano, no como consecuencia de un nacionalismo estrecho. Con la obra Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la conciencia cubana, publicada en 1995, Torres-Cuevas no solo revela al Varela filósofo, pedagogo, político o religioso, sino que proyecta un hombre para todo tiempo histórico que supo liberar las ataduras de un pensamiento reaccionario.
A través de Varela, llega al Obispo Espada. La época de Díaz de Espada, constituyó una profunda remoción en las ideas, entre la reacción conservadora y los sectores modernistas que sellarán en el tiempo las ideas de Varela. Más tarde sus obras estarán fuertemente marcadas por sus alumnos, tal es el caso, de José de la Luz y Caballero, filósofo y educador que desde su postura, liberó la batalla silenciosa y agotadora que bajo una filosofía de procedencia europea condenaba al sigilo la idea patriótica de Varela. A la cultura que se gestaba contribuyeron otros discípulos como es el caso de José Antonio Saco, al que Torres-Cuevas dedica una importante investigación. El tema de la esclavitud, es otro de los que atrapa su pluma. En sus obras José Antonio Saco. Acerca de la esclavitud y su historia, en colaboración con Arturo Sorhegui, y La polémica de la esclavitud. José Antonio Saco, obtiene una visión totalizadora del complejo fenómeno de la sociedad esclavista del siglo XIX, y proyecta sus contradicciones fundamentales con el proceso de formación nacional.
Al llegar al 68, sus investigaciones revelan que los conspiradores de la gesta independentista, están formados en una cultura que ostenta rasgos de identidad. Músicos como Figueredo, poetas como Céspedes, Palma, Gerónimo Gutiérrez, o pintores como Cavada enaltecen el ambiente de independencia. Paralelamente su análisis detalla que estos conspiradores, llegan a nutrirse de una cultura jurídica reflejada en Guáimaro, hija de los debates constitucionales anteriores.
Por otra parte el investigador coloca a Martí, como excepcional representación de poder, de ser capaz de llegar al sentimiento y al pensamiento desde la sensibilidad. En su obra El Alma Visible de Cuba, Martí y el Partido Revolucionario Cubano, manifiesta el sentido patriótico, antiimperialista y latinoamericano que caracteriza al pensamiento martiano.
Por su parte Antonio Maceo, las ideas que sostienen el arma, es un extraordinario ensayo publicado en 1995 que contiene, entre otros elementos, el valor de la libertad y de la emancipación humana que prevaleció en esta figura, quien registra una de las intelectualidades generadoras y portadoras del ideario y la cultura cubanas.
Desde Varela a Martí rescata Torres-Cuevas, la esencia de la formación y evolución del ser cubano. Desde los orígenes está Varela, quien liberó y emancipó la idea de la nación cubana, y luego Martí la materializó con su sutil prosa original.
Entre sus temas más tratados, se encuentra la masonería y su relación con los procesos políticos, económicos y sociales de la Isla. Con su trabajo Vicente Antonio de Castro, el Gran Oriente de Cuba y las Antillas y la ruptura del 68, introduce una nueva mirada a la historia de la institucionalización masónica. Es también, su obra Antonio Maceo, las ideas que sostienen el arma, expresión continua de su labor investigativa. En esta aborda el papel de la masonería en las luchas independentistas.
La importancia de su obra, tras años de recopilación y análisis, le han permitido afrontar espacios que no se habían trabajado. Figuras como Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo y José Martí, integran este análisis desde su posición masónica. Con obras como las anteriormente mencionadas y ensayos como Los cuerpos masónicos cubanos del siglo XIX, y La Masonería en Cuba durante la Primera República, el historiador no solo realiza una colaboración al estudio y comprensión de la masonería cubana desde su origen hasta el siglo XX, sino que surge como interés, establecer el análisis por períodos, permitiendo desarrollar un estudio científico de la masonería en Cuba.
Tercer Período. Consagración de una obra: Cuba en la mira (2000-2025)
Una vez que este historiador encauza su acción investigativa, que define como origen del pensamiento cubano, irrumpe la necesidad de divulgarlo, utilizando desde la historia, lo educativo, lo político y lo cultural.
Torres-Cuevas rescata el proceso histórico de formación del ser cubano como fragua de las diversas contradicciones, pero, a su vez, como perenne recreadora del espíritu de un pueblo, de sus sentimientos y vivencias, de sus emociones y sueños. Identifica que la cultura es capaz de revelar mucho más de lo que un historiador puede develar con los hechos. El sentir, el pensar, que trasmite el artista tiene la capacidad de llenar mucho más que un hecho narrado. Fruto de esa pasión incesante hacia la cultura cubana y propiamente hacia la música, es el estudio que realiza junto a esta autora sobre una de las agrupaciones más destacadas de la música popular bailable cubana, La Orquesta Aragón: una historia viva para la memoria necesaria, publicado en el 2021. El estudio aborda no solo los orígenes y la formación de la orquesta, sino cómo esta llega a insertar en sus letras, la vida cotidiana, lo tradicional, las costumbres, la idiosincrasia del pueblo cubano, y cómo después de 80 años de creada, consagra su esencia.
La extensa obra de este intelectual, destaca por el estudio de los procesos históricos que devinieron en la conformación de la nacionalidad y la nación cubanas. La obra en tres tomos En busca de la cubanidad, publicada entre los años, 2006 y 2016 es la máxima expresión del proceso de formación del ser cubano, el cual declara haber sido lento, complejo, intrincado, y contradictorio. La trilogía que establece entre los orígenes, la maduración y la consolidación del ser cubano, evidencia la forja del amor por la madre patria. Incorpora en su análisis a figuras como Grau, y su audaz utilización del término “el partido de la cubanidad” como instrumento de la demagogia política, consciente del valor que comprendía; y llega a Marx, pero no solo a Marx, sino a ese complejo teórico, ideológico y político marxista, que lo integra. “Se trata de un país que sí tiene instinto político, vivencia política, porque tiene una cultura de país. Fueron los principios morales, sociales y políticos, latentes en la juventud, los que dieron vida al nuevo proceso revolucionario”. [1]
Eduardo Torres-Cuevas mostró una solidez en sus investigaciones como pocos. El hecho de tener a Cuba como esa misión de vida indisoluble a su ser, ha llevado a este intelectual a la más profunda entrega que pueda experimentar un mortal. La evolución conceptual que a lo largo de los periodos estudiados se evidencia en su obra, hace que su maduración teórico-metodológica trascienda a ámbitos internacionales como referente. Su concepción de la historia como cultura, sumado a la interpretación de los orígenes del pensamiento cubano, como totalidad y a la vez como individualidad cubana ha recorrido las más variadas aristas de sus estudios: ahí va su esencia.
Tomado de Periódico 5 de Septiembre.

