El proyecto Historia Regional y Local para el Desarrollo Sostenible tiene el honor de compartir el valioso trabajo investigativo del profesor Lesby José Domínguez Fonseca, destacado docente del Departamento de Historia de la Universidad de Cienfuegos y director de Historia y Marxismo.

Sus estudios de posgrado han estado dedicados a desentrañar los vínculos entre el béisbol y la sociedad cienfueguera. Su segunda maestría, «Béisbol y sociedad en Cienfuegos (1880-1902)», y su posterior doctorado, «Béisbol y sociedad en Remedios, Cienfuegos, Santa Clara y Sagua la Grande (1880-1902)», constituyen aportes fundamentales para comprender cómo este deporte trascendió el juego para convertirse en un fenómeno sociocultural de primer orden en la región central de Cuba.

Los orígenes: entre la leyenda y la historia

El béisbol llegó a Cuba en la segunda mitad del siglo XIX, aunque existen diferentes criterios sobre el primer juego oficial. Lo que sí es un hecho documentado es que fueron los hermanos Nemesio y Ernesto Guillo Romaguera, junto a su amigo Enrique Porto, quienes introdujeron la práctica en la Isla tras finalizar sus estudios en Estados Unidos.

En aquel contexto, la sacarocracia cubana, junto a comerciantes y dueños de negocios pudientes, enviaba a sus hijos a colegios americanos para formarse en la administración de negocios. De esas aulas surgieron jóvenes habaneros, matanceros, cienfuegueros, santaclareños y sagueros que trajeron consigo no solo conocimientos académicos, sino también la pasión por el novedoso deporte.

Figuras como el abogado sureño Leopoldo de Sola e Iradi, primer presidente de la Liga Cubana de Béisbol (fundada en 1879) y su primer árbitro, así como fundador del emblemático Habana Base Ball Club, son claves en esta historia. En el caso de Cienfuegos, fueron Vicente P. Lombard y Orfilio Lombard, dos integrantes de la familia Lombard que estudiaron en Estados Unidos, quienes jugaron un rol decisivo.

La llegada a Cienfuegos: versiones y certezas

Historiadores como Florentino Morales han señalado que el béisbol pudo haber llegado a Cienfuegos gracias a las visitas de Leopoldo de Sola a su ingenio Cieneguita, o bien con la llegada de los Lombard, momento a partir del cual comenzaron a crearse los primeros clubes. Por su parte, el historiador Félix Julio Alfonso López, basado en el testimonio del propio Nemesio Guillo, sostiene que el deporte se expandió por toda la Isla desde La Habana.

Más allá de las hipótesis o tesis al respecto, lo cierto es que el béisbol echó raíces profundas en el territorio cienfueguero y se convirtió en una práctica sociocultural deportiva no impuesta por nadie. Todo lo contrario a las corridas de toros, que eran el deporte nacional impuesto por la metrópoli española.

Un deporte que se cubanizó

El béisbol no conoció barreras sociales. No hubo estrato que no lo jugara, ni calle que no convirtiera su avenida en un campo de diversión. Poco a poco fue calando en el gusto popular, influyendo en los contextos socioculturales de todas las regiones del país sin excepción. Llevó a las mujeres de la mano y, sin borrar los estigmas raciales de la época, hizo confluir en un mismo terreno a blancos, negros y mestizos.

Su impronta, su influjo y sus raíces en la identidad cubana en formación como proceso en constante cambio y movimiento lo convirtieron en nuestro deporte nacional y en patrimonio cultural inmaterial de la nación.

Una deuda pendiente en la enseñanza

A pesar de su importancia, ningún libro de texto de historia, en ninguno de los niveles de enseñanza, aborda el papel del béisbol en la historia patria. ¿Cómo amar lo que se desconoce? ¿Cómo tener sentido de pertenencia ante lo que nos es ajeno? ¿Cómo desarrollar compromiso, lealtad y fidelidad por lo que no nos han enseñado?

No verlo así limita hoy el conocimiento de una historia mucho más rica, que no puede reducirse únicamente a las gestas independentistas. El béisbol es también parte de esa historia, y su estudio nos acerca a las fibras más profundas de lo que somos como pueblo.

El béisbol no es solo un deporte; es un espejo de la sociedad cubana, un termómetro de su mestizaje, un escenario de sus alegrías y contradicciones. Investigaciones como las del profesor Lesby José Domínguez Fonseca nos recuerdan que la historia local y regional guarda las claves para entender nuestra identidad nacional. Reconocer el béisbol como patrimonio inmaterial no es un gesto nostálgico, sino un acto de justicia histórica y una invitación a seguir construyendo, desde el conocimiento, el amor por lo nuestro.

Elaborado por la Dirección de Comunicación Institucional. UCf.

 

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