Cada 1ro de octubre, el calendario nos impone una pausa, y esa pausa es el Día de la Ancianidad, también reconocido internacionalmente como Día de las Personas de Edad y, en Cuba, como Día del Adulto Mayor. Reducir esta jornada a un saludo de protocolo sería un error, porque la fecha debe servir para mirar de frente una realidad que no admite indiferencia. La vejez es una etapa de derechos, no un tiempo de resignación, y en un país socialista y humanista, honrar a los mayores constituye un principio de justicia social.
El envejecimiento poblacional avanza en América Latina y el Caribe, y Cuba no es la excepción, pues es uno de los países más envejecidos del continente, con una esperanza de vida elevada y una natalidad baja. Ese cambio demográfico exige repensar la salud, las pensiones, los cuidados, el transporte, la vivienda y los espacios urbanos. No se trata de un fenómeno lejano, está en cada casa, en cada barrio, en cada consulta médica.
La Revolución ha garantizado derechos históricos como la seguridad social, la atención médica universal, los Círculos y Casas de Abuelos y las Cátedras Universitarias del Adulto Mayor, pero persisten insuficiencias que no podemos naturalizar, entre ellas pensiones que no alcanzan, escasez de medicamentos, soledad, barreras arquitectónicas y edadismo cotidiano. La crisis económica y el bloqueo agravan la vida diaria de muchos hogares, y reconocerlo no debilita el proyecto social, lo fortalece, porque solo la verdad permite transformar.
Frente a ese panorama, conviene recordar lo evidente, y lo evidente es que los mayores no son una carga, sino memoria viva, transmisores de historia, sostén afectivo y ejemplo de resistencia. Han trabajado, criado, cuidado y soñado, y su experiencia es un patrimonio que la sociedad desperdicia cuando los aparta. Escucharlos no es un gesto de caridad, sino un acto de justicia y aprendizaje, pues en el socialismo son sujetos de derechos y actores sociales.
Por eso, el Día de la Ancianidad no debería quedarse en discursos, abrazos de ocasión y publicaciones en las redes, sino que es una fecha para exigir políticas públicas integrales como atención médica oportuna, pensiones justas, servicios de cuidado, transporte accesible, viviendas adecuadas y programas que combatan la soledad. También es una invitación a la familia, la comunidad, los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana y los medios a estar presentes, no solo cuando hay necesidad, sino todos los días.
Reconocer a los mayores es, en definitiva, aceptar que también envejecemos, y la manera en que una sociedad los trata habla de su grandeza moral. En Cuba, donde la esperanza de vida es un logro de la Revolución, defender sus derechos es resguardar lo alcanzado y profundizarlo, por lo que el 1ro de octubre debería ser más que una efeméride, un compromiso renovado con una vejez digna, activa, respetada y feliz. Porque esa responsabilidad no se cumple mirando atrás, sino construyendo el futuro que vamos a habitar, y como dijo Martí: “Patria es humanidad”.
Tomado de Periódico 5 de Septiembre.

