El X Congreso de la organización joven más antigua ya es una realidad que apostará por construir desde la justicia, la ética y el compromiso nuestro proyecto de país.

El año del centenario como casualidad casi fraguada, es el ciclo correspondiente por período al desarrollo del X Congreso de la FEU. Parecieran pocos los momentos trascendentales en que la propia historia calza con tal complicidad la posibilidad de desarrollar un proceso de discusión como este, en medio de un año que representa una ocasión invaluable para la organización estudiantil. El momento es ahora, no hay tiempo para esperar ni para el reposo, urge ser protagonistas del proyecto de FEU que merece nuestra gente.

La excusa es la necesidad de invitar a la profundización de nuestros problemas, de conectar con la organización que queremos. De redimensionar la participación, naturalizar la crítica y revitalizar el poder estudiantil que emana de la brigada.

Este congreso es una incitación al análisis lúcido y agudo, a cuestionarse si es suficiente con que conozcamos nuestra realidad. Me adelanto: claro que no, hace falta querer transformar, tener la voluntad de pertenecer a un proyecto que traiga acumulados de conquistas para la FEU. De este concilio tienen que salir acuerdos que sean dinamos generadores de una energía social, como ya nos adelantaba Mella. Tiene que ser una asamblea para articular a la diversidad estudiantil, la meta es la participación de todas y todos.

Un encuentro para unirnos en el consenso hacia la construcción de una FEU que enlace sus prácticas con la satisfacción de las aspiraciones de la membresía.

Este foro tendrá que abrazar todas las temáticas que ocupan la agenda de preocupaciones de nuestros estudiantes, cómo cada cual encuentra su espacio de aportar; los ambientalistas, los animalistas, las feministas, por solo citar algunos. Hay que discutir cómo la organización abandera las luchas por los derechos de todas las personas, desde la convicción del rechazo absoluto a cualquier muestra de discriminación.

Este congreso debe demostrar que no puede ser más útil erigir discursos de organizaciones inertes que esforzarse en empujarlas, para seguir ofreciendo un universo de oportunidades y el desarrollo de las tremendas capacidades creativas de sus hacedores

Sabemos que las urgencias del presente se manifiestan como focos de necesaria atención en el marco de la lucha política que se dirime, restaurar los consensos, enamorar con el ejemplo moral potente de la Revolución es también la pretensión. La unanimidad no es necesariamente un mensaje de unidad, muchas veces en las contradicciones y el debate respetuoso se logra mayor avance.

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