Cuba bullía sin detenerse. Los rebeldes en la Sierra se hacían cada vez más grandes y los clandestinos en el Llano hacían temblar a la dictadura con más frecuencia. El año 1958 sería determinante para el triunfo de la revolución en la Isla; y así lo fue.

La dirección del Movimiento 26-7, tras estudiar las condiciones existentes en el país, determinó que las fuerzas estaban listas para organizar una huelga que diera al traste con la dictadura batistiana. Aunque la realidad no era exactamente como lo pensaron y la jefatura del Ejército Rebelde se oponía a tales acciones, el plan del paro general continuó adelante.

Cuando Fidel Castro se dio cuenta de lo inútil que sería una querella de criterios a esas alturas de la lucha, decide apoyar la acción y el 12 de marzo lanza un manifiesto al pueblo convocando a la huelga y pidiendo el mayor apoyo posible de los jefes y comandantes en las ciudades.

El amanecer del 9 de abril fue en rojo. Numerosas acciones armadas acaecieron en a lo largo de la Isla. Sagua la Grande sobresalió por ser el sitio donde con más fuerza el pueblo arremetió contra las fuerzas batistianas.

Al final de día, la huelga general había fracasado: los objetivos no se cumplieron, no se logró paralizar al país ni desatar a las masas para que tomaran, de una vez, el poder. Muchos líderes de pueblo murieron durante las acciones. La represión que desató la tiranía luego del 9 de abril fue aciaga.

El revés que representó la huelga fue uno de los más sentidos golpes para la lucha insurreccional, sobre todo porque a esas alturas de la guerra ya se esperaba que el triunfo fuera cuestión de días.

Entre los hechos relevantes que sucedieron ese día en la Isla, vale destacar: asalto a las emisoras nacionales y la transmisión del llamamiento a la huelga, sabotajes en varias terminales de transporte, quema de gasolineras y la paralización prácticamente completa del Oriente del país gracias a las acciones combinadas en la guerrilla y la clandestinidad.

Fueron esos momentos difíciles para el movimiento revolucionario. Hubieron de trabajar duro para dejar detrás el revés y continuar la lucha adelante. Entre las causas fundamentales del fracaso estuvo la no preparación de un clima previo, el modo incorrecto en que se convocó al pueblo y la actitud un tanto reacia que se mantuvo frente a la colaboración entre distintos factores.

Sin embargo, tras analizar las causas del fallo de la huelga en reunión desarrollada el 3 de mayo en los Altos de Mompié, se decidió establecer una dirección única de mando en la guerra que recayó en manos del Comandante en Jefe Fidel Castro. Al menos un fracaso que contribuyó a pensar más serio en la guerra y en el triunfo.

Elaborado por la Dirección de Comunicación Institucional. UCf.

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