Sus rostros se nos hacen familiares en la Universidad de Cienfuegos (UCf). Primero como alumnos y dirigentes estudiantiles, y hoy como docentes, le han regalado aires de frescura, espontaneidad, alegría y compromiso a la casa de altos estudios del centro sur de Cuba. Los mismos rostros que por estos días se vuelven anónimos, justo en el momento en que la pandemia COVID-19 volvió a tocar la puerta de la cotidianidad cienfueguera.

Marian Figueredo Rodríguez, Solangel López Cruz, Edelvys Torres Campos y Jailer Roberto Fernández Valdivié, hoy deben protegerse detrás de máscaras y trajes de bioseguridad, porque decidieron trastocar otras realidades, más allá de su querida UCf.

Son ellos cuatro profesores recién graduados de nuestra casa de altos estudios, quienes junto a dos jóvenes del Comité UJC de nuestra provincia: Randy Rodríguez, miembro del Buró del Comité UJC del municipio Rodas, y Lisett Rodríguez Hernández, funcionaria del Comité UJC del municipio Cienfuegos; decidieron enfrentar la pandemia desde una posición arriesgada: apoyando en la Zona Roja del Centro Especializado Ambulatorio (CEA) de la provincia de Cienfuegos.

“Fue una tarea convocada por la UJC Provincial y nosotros, los militantes de la UCf, dimos el paso al frente, aun cuando tememos también por nuestras familias”, nos comenta Solangel López vía Whastapp. “No existen dudas del riesgo que implica estar aquí, pero ante todo está el querer ayudar y ser útiles cuando esta pandemia ya lleva casi un año afectando a nuestro país. Somos valientes de corazón, por nosotros, por ustedes y por los miles de personas en el mundo que sufren los efectos de esta enfermedad”.

Sus tareas son múltiples en esta institución hospitalaria: labores de limpieza y desinfección en disímiles áreas y locales, botar la basura, además trasladar el alimento que le suministran las enfermeras a los pacientes encamados, siempre con la seguridad adecuada para proteger su salud y la de sus compañeros.

“Estamos aquí como voluntarios porque creemos en la solidaridad y nos ponemos en el papel de todos los héroes de batas blancas que hacen cosas sobrehumanas para atender y salvar a sus pacientes”, escribía Edelvys Torres en un post de Facebook, joven para el cual no existen temores, si de brindar ayuda y esperanza se trata.

Al decir de Marian Figueredo, “es un riesgo que corremos en cada una de las tareas que cumplimos, en cada gesto que hacemos aquí dentro, en la manera de lavarnos las manos, de comer y hasta cuando hablamos con nuestros compañeros; pero estamos seguros de que nuestro aporte valdrá la pena. En el caso mío y de Solangel, que colaboramos en la sala de Terapia Intensiva, ha sido muy difícil y triste lidiar incluso con la muerte de algunos de pacientes. Este virus no tiene cara, ni lugar, no entiende de edades, ni de sexo ni de raza, por eso resulta vital que la población gane conciencia y percepción del riesgo”.

La COVID-19 es la enfermedad que en este 2021 continúa cambiando la realidad de nuestro país y del planeta, una afección que ha sacado a relucir aún más el espíritu solidario de nuestros jóvenes, la incondicionalidad de decir presente ante cualquier circunstancia.

“Los días aquí son largos, agotadores, y las horas de sueño son bien pocas, pero estamos listos para enfrentar a ese virus que tantas vidas ha cobrado. Las protecciones están dispuestas, el temor que engendra la precaución nos acompaña todo el tiempo, pero sobre todo prima la satisfacción de estar donde Cuba más nos necesita: ayudando a que el personal de salud pueda ejercer la honrosa labor de salvar vidas”, nos comenta Lisett Rodríguez Hernández.

Ellos son un ejemplo de los jóvenes de nuestra alma mater cienfueguera que hoy deciden pasar al anonimato para dar su SÍ por la vida con esa entrega que los caracteriza. Y aunque muchos pudieran tildarlos de “locos” al exponerse a tan riesgosa labor, para ellos el miedo y la incertidumbre se desvanecen si de brindar amor y esperanza se trata.

Por Yasmina Núñez Milanés y Leslie Corrales Rosell

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