Si nos atenemos a un adagio popular, podríamos afirmar que la provincia de Cienfuegos comenzó enero con el pie izquierdo. Cuando se analizan las estadísticas de la covid-19 en el territorio y suman más de 200 los contagiados, y todavía no finaliza el mes.

Todos los deseos de comenzar un año mejor, se vinieron abajo, precisamente por los excesos cometidos durante los festejos de 24 y 31: los viajeros que deseaban reencontrarse con sus familias, y que no observaron los protocolos de aislamiento contentivos en el Control Sanitario Internacional; así como indisciplinas sociales e institucionales en el no complimiento de lo orientado por las autoridades de Salud.

Pero toda la culpa no la tiene el totí, y continúo con los dichos, porque la idiosincrasia y cultura también cuentan. Pues sí, resultaba necesario adoptar medidas más fuertes y urgentes de contención, porque nos encontramos en presencia de un virus, el SARS-CoV-2, letal y contagioso. Y me refiero, por ejemplo, a la libertad de permitir el funcionamiento de locales cerrados, donde se bebe y por supuesto se hace sin nasobuco, donde se baila y suda, y a los que se permitió la entrada de viajeros que violaron el protocolo de aislamiento del que son instruidos al arribar al país. Cuando se escriba la historia de esta epidemia, se mencionará a la Discoteca Benny Moré, con un buen récord en aportar positivos a los números totales.

Para los primeros días de enero, alrededor del 7, se habilitó el Centro de Especialidades Ambulatorias (CEA), como institución médica para la asistencia a confirmados, que ya había tenido un ensayo de marzo a mayo de 2020, en la atención a sospechosos, allí se diseñó un flujo acreditado de trabajo. Y a partir de entonces comenzaron a funcionar, de manera escalonada, varios centros de aislamiento, con el consiguiente gasto de bienes, recursos y logística, sacadas de las menguadas finanzas del Presupuesto Estatal.

El 15 de diciembre, en la reunión vespertina del Grupo Nacional para el Control de la Epidemia, se había dado a conocer que la provincia retrocedía a la Fase III de Recuperación, y abandonaba Cienfuegos la Nueva Normalidad, una etapa en la que con cuidados y protección, se mantenía la producción de bienes y servicios y reanimaba la vida, tan necesaria para la sociedad y la supervivencia: “… tras mantener por 16 días indicadores que son de esta etapa…”, publicábamos en nuestro sitio web. Así llegábamos al primer día de 2021.

De entonces a la fecha, y puede apreciarse en la infografía que acompaña el trabajo, comenzó una avalancha de casos, que aunque autóctonos, los estudios de foco demuestran que, tienen en su mayoría, como punto de partida, un contacto importado.

En el Bulevar de la ciudad cabecera, donde aún palpita la vida, incluso con la aplicación de medidas de limitación de movimiento y paralización del transporte público, adoptadas por el Consejo de Defensa Provincial, y tras otro retroceso, esta vez a Fase I de Recuperación,  conversamos con transeúntes, sobre una interrogante, ¿Qué pueden hacer los cienfuegueros para detener la covid-19; una epidemia de causas sociales? Todos resultaron redundantes en la protección, responsabilidad personal y distanciamiento sanitario. De nosotros depende, en la unión está la fuerza.

Ana López Molina, trabajadora de TRD-Caribe: “En Cienfuegos se necesita más responsabilidad personal, en la tienda donde trabajo, La Gráfica, se adoptan las medidas para que en la cola las personas se distancien, y hay espacio suficiente para hacerlo, pero desobedecen y se agrupan, y eso es un peligro de contagio, creo que si se logra el distanciamiento, sería un gran paso”.

Yovany Moreno Cuéllar, dependiente de “Dulcinea”, un establecimiento que expende panes y dulces, con alta demanda popular, comenta al respecto:

“En Dulcinea aplicamos medidas fuertes, se descontaminan las manos, contamos con pasos podálicos, y vendemos de dos en dos, se exige el nasobuco, sin embargo, en la fila las personas no siempre se distancian”.
Anyari Abreus Mur, secretaria de “Genética”, que radica en el Hospital Pediátrico, comenta: “En mi centro las medidas son muy fuertes, imagínense, allí tratamos con embarazadas, donde cualquier cuidado es poco, incluso durante las consultas, se ofrecen charlas educativas. Pero pienso que el auto cuidado y responsabilidad son la clave para detener el contagio”.Karla Colarte Rodríguez, comunicadora social de la ACCS, considera: “La comunicación social ha estado en función de crear y difundir mensajes de bien público en torno a la protección, pero no es suficiente, la población necesita un cambio de conducta en torno a protegerse y proteger”.

Por: Magalys Chaviano Álvarez

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